Las capacidades emocionales son herramientas que tienen por objetivo gestionar de manera eficiente y eficaz nuestra inteligencia emocional ayudando a que las personas se den cuenta de que pueden mejorar sus relaciones personales/sociales separando las emociones generadas de lo que es la esencia del ser humano en sí. Hay una línea muy delgada para diferenciar entre el comportamiento de una persona con todo lo que viene después, como son las expresiones y gestos hablados y emotivos con las consecuencias lógicas comportamentales de reacción que de ellos se desprendan de y desde la otra parte; y lo que es la persona en si. Si el comportamiento tal es aislado, pasajero, no frecuente ni premeditado por así llamarlo, tendría que ser separado de lo que es la persona en su integridad. Todas las otras conductas de una persona, que podrían ser repetitivas, frecuentes, premeditadas como forma de vida, ya no encajan dentro del esquema anterior y necesitan otra manera de encararse.

A lo que nos referimos acá, son a los comportamientos de relaciones personales/sociales por llamarlos de alguna manera cotidianos y normales como parte de nuestras vidas con nuestra familia, amigos y personas con las que pasamos el tiempo en nuestro centro laboral y con las que tenemos contacto por este motivo.

La primera capacidad se refiere a ser capaz de elegir el ser o no ser emotivo. El impulso o nacimiento de la emoción es inevitable. Ese impulso de donde nace una emoción es automático. Hay un espacio entre el nacimiento de una emoción y su expresión, que en personas no entrenadas, es muy pequeño. Es decir, hay un espacio entre el impulso y la acción. Este espacio se puede ir ampliando para adquirir esta capacidad y si se quiere, se puede aprender. Entonces, lo que se puede desarrollar es la capacidad de darse cuenta de que está naciendo el impulso de una emoción, tomar conciencia de que somos emotivos, pero antes de actuar podemos elegir que comportamiento vamos a tener con la otra persona. Esta es la segunda capacidad. La tercera tiene que ver con el concepto de empatizar y para este caso, debemos aprender a ser más sensibles con las emociones de las otras personas. La cuarta capacidad se refiere a maximizar la utilidad del enfado o emoción: el impulso natural cuando se está enfadado es herir a la persona con la que estamos molestos, pero esto hace que todo vaya de mal en peor. Lo que hay que hacer es dirigir y canalizar el enfado hacia la acción que nos ha herido y no hacia la persona, y preguntar sin dejar llevarnos por la emoción. Ahora bien, ¿la pregunta debe llevarnos a algún lugar en particular o a un abanico de opciones para buscar una solución? No se trata de quién tiene la razón. Se trata de que encontremos la solución para ambos entre nosotros. ¿Ustedes qué opinan?

Nos vemos en el siguiente post. Buen fin de semana.

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