Heridas emocionales infancia

Las heridas emocionales son muy difíciles de sanar.

La infancia es un momento clave en el que las personas nos creamos como tales y somos capaces de disfrutar de la vida o de sumergirnos en dolor durante muchos años. Es bastante común, por desgracia, que la salud emocional de las personas adultas se haya dañado en la infancia. A menudo, no somos conscientes de lo que nos bloquea o de lo que nos hace daño, nos da vértigo o nos provoca miedo.

Si eres padre o madre debes ser consciente que en la mayoría de los casos, el origen está en la infancia y las lesiones emocionales que se crean son las que generan las primeras experiencias con el mundo y que no hemos sido capaces de curar. Las heridas emocionales son extremadamente dolorosas y las experiencias de la infancia serán las que conformen nuestra responsabilidad adulta, lo que somos y cómo haremos frente a la adversidad.

Los padres y madres debemos ser consciente de ellos y evitar que se reproduzcan en nuestros hijos para poder potenciar la calidad de vida. Los niños con heridas emocionales, cuando crecen se ponen cientos de máscaras para evitar ser dañado de nuevo. Esto es lo que se debe evitar.Existen algunas heridas emocionales que debemos identificar para evitar que se creen en nuestros hijos -o en nosotros mismos-.

Heridas emocionales que se crean en la infancia

1. Miedo al abandono o a estar solo

La impotencia es el peor enemigo que vive un niño cuando siente el abandono en la infancia. Imagínate lo doloroso que debe haber sido para un niño el tener miedo a estar solo, aislado o sin protección ante un mundo que no conoce. Cuando esto le ocurre a un niño se convierte en un adulto indefenso que tratará de evitar de nuevo el volver a vivir el abandono. En la vida adulta abandonará rápidamente a las parejas por miedo a que le abandonen y volver a sufrir o también los proyectos, por miedo a que no sea lo que esperaba. El miedo le hace revivir este sufrimiento, se puede crear una dependencia emocional también hacia los demás.

Es necesario trabajar el miedo a la soledad, el miedo a ser abandonado o al rechazo físico con los demás. Esta herida emocional cuando se crea en la infancia es difícil de curar, pero el hecho de enfrentarlo para tener un diálogo interno esperanzador y positivo, es sin duda un buen comienzo.

2. Miedo a ser traicionado

El miedo a ser traicionado es el mismo miedo que no permite confiar en las personas. Esta herida se abre cuando las personas cercanas a un niño no mantienen sus promesas, algo que le hace a un niño sentirse traicionado y engañado. Como resultado, empezarán a crear desconfianza que se puede transformar en celos u otros sentimientos negativos. Estos niños se convierten en adultos que piensan que no son dignos de tener lo que los demás sí tienen.

Estos problemas en la infancia crearán adultos controladores de personalidades extremadamente perfeccionistas. Si has experimentado estos problemas en la infancia sabrás qué se siente cuando se tiene la necesidad de ejercer control sobre los demás. Estas personas parece que tienen una personalidad con carácter fuerte pero la realidad es que es un mecanismo de defensa, es un gran escudo para evitarse dañados ante la decepción. Esta herida emocional se debe trabajar con paciencia, tolerancia y el saber vivir. Aprender a estar solo y a delegar responsabilidades en los demás, confiando.

3. Miedo a la humillación

Esta herida emocional se crea cuando el niño siente que los demás le critican o le desaprueban. Los padres podemos crear sin darnos cuenta estos problemas a los hijos diciéndoles que son torpes, pesados, tontos… o si se cuentan sus problemas a los demás -sin darles el respeto a su privacidad-. Esto destruirá la autoestima en los niños y dificultará la posibilidad de crear una autoestima saludable.

Esta herida emocional generará con frecuencia una personalidad dependiente y se aprende a sertirano y egoístas como un mecanismo de defensa, incluso los niños que fueron humillados, humillarán a los demás como escudo. Después de haber sufrido estas experiencias es necesario que se trabaje la independencia, la libertad de uno mismo, la comprensión de nuestras necesidades y la aceptación de los temores. También, será importante trabajar las prioridades en la vida de uno mismo para sentirse bien con el mundo que les rodea.

Bibliografía/Autoría:

Mª José Roldán, Pedagoga terapéutica y Psicopedagoga.

Anuncios